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13 de julho de 2026

Isabel Allende e as crónicas épicas de Inés Suárez del alma mía

«Soy Inés Suárez, vecina de la leal ciudad de Santiago de la Nueva Extremadura, en el Reino de Chile, en el año 1580 de Nuestro Señor. De la fecha exacta de mi nacimiento no estoy segura, pero, según mi madre, nací después de la hambruna y la tremenda pestilencia que asoló a España cuando murió Felipe el Hermoso. No creo que la muerte del rey provocara la peste, como decía la gente al ver pasar el cortejo fúnebre, que dejó flotando en el aire, durante días, un olor a almendras amargas, pero nunca se sabe. La reina Juana, aún joven y bella, recorrió Castilla durante más de dos años llevando de un lado a otro el catafalco, que abría de vez cuando para besar los labios de su marido, con la esperanza que resucitara. A pesar de los ungüentos del embalsamador, el Hermoso hedía. Cuando yo vine al mundo, ya la infortunada reina, loca de atar, estaba recluida en el palacio de Tordesillas con el cadáver de su consorte; eso significa que tengo por lo menos setenta inviernos entre pecho y espalda y que antes de la Navidad he de morir. Podría decir que una gitana a orillas del río Jerte adivinó la fecha de mi muerte, pero sería una de esas falsedades que suelen plasmarse en los libros y que por estar impresas parecen ciertas. La gitana sólo me auguró una larga vida, lo que siempre dicen por una moneda.»

Entrar numa livraria. folhear um livro à escolha entre muitos outros, num convite aos sentidos de tateá-lo página a página, cheirá-lo glifo a glifo, olhá-lo palavra a palavra, escutá-lo frase a frase, saboreá-lo linha a linha, de fio a pavio, da capa à contracapa, sem limites e sem pressas, torna-se num prazer sinestésico vedado às vendas online, que não conseguiram ainda eliminar por completo dos seus leitores potenciais. O encerramento gradual dos locais de oferta direta ao público tem limitado o contacto físico com os textos impressos acabados de lançar. As novidades são escamoteadas restando nos expositores as obras mais vocacionadas para chamar a atenção dos clientes. O recurso aos bestsellers costuma ser o chamariz mais utilizado. Um dia destes andei à procura dum título sugestivo em espanhol e só encontrei uma edição de bolso dum original de Isabel Allende, a sugerir-me uma tal Inés del alma mía (2006). À falta doutras alternativas, peguei nele e trouxe-o para casa.

As informações paratextuais contidas no exemplar trazido comigo debaixo do braço disseram-me, ato contínuo, tratar-se dum romance de base histórica, centrado na figura de Inés Suárez (1507-1580), uma espanhola original de Plasencia, que participou na conquista do Chile e na fundação de Santiago. Parte da tessitura narrativa já fica traçada, ficando a faltar o trajeto vital da protagonista, situado entre o nascimento e o óbito, lacuna suprida num ajuste assumido entre a realidade acontecida e a imaginada pela novelista bem conhecida no mundo globalizado das letras. Entre as hipóteses dispostas pelas percetivas poéticas, escolhe o modo autobiográfico, com todas as limitações inerentes, com um destaque especial para a referência verosímil à chegada da morte, sem a poder relatar de viva voz. A entidade enunciativa externa concede à interna a possibilidade de expressar a sua convicção de estar a chegar ao final da vida sem poder ir muito além na sua liberdade efabulativa.

Aos 70 anos, a relatora sente o fim aproximar-se e põe mãos à obra antes que as forças lhe faleçam e regista por escrito o seu percurso aventuroso por dois continentes, repartidos por seis etapas datadas e subintituladas. Entre 1500 e 1553, não deixa de fora as memórias salvas da voragem do tempo: Europa e América, Chile e Santiago, tragédias e guerras. Não omite os casamentos com Juan de Málaga e Rodrigo de Quiroga, a mediar a ligação com Pedro de Valdivia, o tomador e arquiteto dum extenso reino hispânico no Novo Mundo. As lutas tidas entre ocupantes e ocupados atravessam o testemunho das fabulistas, a subjetividade natural da narradora e a objetividade desejada da autora. Para todos os efeitos, quer queiramos ou não, a leitura à distância de meio milénio não pode enveredar pela análise anacrónica dos factos. Juízos de valor de épocas distintas terão de atender aos contextos diversos em que foram produzidos. A crueldade dos conquistadores quinhentistas à luz dos padrões atuais não podem ser encarados como uma realidade singular. Tal a norma que torna impossível refazer a História dentro ou fora dos manuais escolares ou nas recriações romanescas.  

Transpostos os dados autobiográficos, ficamos com uma larga série de feitos históricos ligados à expansão imperial castelhana contra astecas, maias, incas e mapuches, em busca dum El Dorado mítico nunca encontrado. Como se diz, não merece a pena chorar sobre o leite derramado. Por muito que se lamente a perda, não há forma de o recuperar. Os danos causados aos povos invadidos e submetidos ficarão para sempre arrolados de forma indelével nos anais que os retratam. O testemunho atribuído à jovem costureira estremenha e cronista da epopeia chilena converte-a de protagonista de sucessos vividos em deuteragonista de episódios observados ou escutados de terceiros. Desta oscilação efabulativa nasce no leitor a vontade de ler outros textos ilustrativos de eventos pretéritos atualizados pela obreira da ficção, numa árdua pesquisa de vários anos listados nas notas bibliográficas reveladas. A prova provada de como a cultura literária poderá conjugar de modo pleno o duplo objetivo do proveito e deleite. Saibamos nós aproveitá-lo.

22 de junho de 2026

Ekphrasis Diacrónica

Manuel Ortega
Doña Inés de Suárez en la defensa de la ciudad de Santiago (1897)
[Museo Histórico Nacional, Santiago do Chile]

E assim se faz um herói ou uma heroína…

–¡Matadlos a todos! –ordené a los guardias en un tono imposible de reconocer como mi voz. 
Tanto los presos como los centinelas quedaron pasmados. 
–¿Que los matemos, señora? ¡Son los rehenes del gobernador! 
–¡Matadlos, he dicho! 
–¿Cómo queréis que lo hagamos? –preguntó uno de los soldados, espantado. 
–¡Así! 
Y entonces enarbolé la pesada espada a dos manos y la descargué con la fuerza del odio sobre el cacique que tenía más cerca, cercenándole el cuello de un solo tajo. El impulso del golpe me lanzó de rodillas al suelo, donde un chorro de sangre me saltó a la cara, mientras la cabeza rodaba a mis pies. El resto no lo recuerdo bien. Uno de los guardias aseguró después que decapité de igual forma a los otros seis prisioneros, pero el segundo dijo que no fue así, que ellos terminaron la tarea. No importa. El hecho es que en cuestión de minutos había siete cabezas por tierra. Que Dios me perdone. Cogí una por los pelos, salí a la plaza a trancos de gigante, me subí en los sacos de arena de la barricada y lancé mi horrendo trofeo por los aires con una fuerza descomunal, y un pavoroso grito de triunfo, que subió desde el fondo de la tierra, me atravesó entera y escapó vibrando como un trueno de mi pecho. La cabeza voló, dio varias vueltas y aterrizó en medio de la indiada. No me detuve a ver el efecto, regresé a la celda, cogí otras dos y las lancé en el costado opuesto de la plaza. Me parece que los guardias me trajeron las cuatro restantes, pero tampoco de eso estoy segura, tal vez yo misma fui a buscarlas. Sólo sé que no me fallaron los brazos para enviar las cabezas por los aires. Antes de que hubiese lanzado la última, una extraña quietud cayó sobre la plaza, el tiempo se detuvo, el humo se despejó y vimos que los indios, mudos, despavoridos, empezaban a retroceder, uno, dos, tres pasos, luego empujándose, salían a la carrera y se alejaban por las mismas calles que ya tenían tomadas. Transcurrió un tiempo infinito, o tal vez sólo un instante. El agobio me vino de golpe y los huesos se me deshicieron en espuma, entonces desperté de la pesadilla y pude darme cuenta del horror cometido. Me vi como me veía la gente a mi alrededor: un demonio desgreñado, cubierto de sangre, ya sin voz de tanto gritar. Se me doblaron las rodillas, sentí un brazo en la cintura y Rodrigo de Quiroga me levantó en vilo, me apretó contra la dureza de su armadura y me condujo a través de la plaza en medio del más profundo estupor.

Isabel Allende, Inés del alma mía (2006)
Obs.: 
Inés de Suárez (Plasencia, 1507-Santiago, 1580): conquistadora, enfermeira e militar espanhola, participante na conquista do Chile e na fundação de Santiago, tida como figura-chave na defesa da cidade durante o assédio mapuche de 1541.

8 de outubro de 2020

Isabel Allende e as memórias de Eva Luna, uma artífice de histórias de vida

«Me llamo Eva, que quiere decir vida, según un libro que mi madre con-sultó para escoger mi nombre. Nací en el último cuarto de una casa sombría y crecí entre muebles antiguos, libros en latín y momias huma-nas, pero eso no logró hacerme melancólica, porque vine al mundo con un soplo de selva en la memoria. Mi padre, un indio de ojos amarillos, provenía del lugar donde se juntan cien ríos, olía a bosque y nunca mi-raba al cielo de frente, porque se había criado bajo la cúpula de los ár-boles y la luz le parecía indecente. Consuelo, mi madre, pasó la infan-cia en una región encantada, donde por siglos los aventureros han buscado la ciudad de oro puro que vieron los conquistadores cuando se asomaron a los abismos de su propia ambición. Quedó marcada por el paisaje y de algún modo se las arregló para traspasarme esa huella.»
Isabel Allende, Eva Luna (1991)

Um ano após o lançamento do terceiro romance de Isabel Allende, o Eva Luna (1997), viajei por cerca de metade da edição de bolso que comprei numa livraria local, felizmente ainda de portas abertas a resistir estoicamente às sucessivas crises cíclicas destes últimos tempos. Fi-lo num final de agosto e de férias de verão com o regresso ao trabalho já de portas abertas, o que me terá levado a interromper momentaneamente a leitura. Por motivos que agora me escapam, o volume já meio amarelecido com a chancela da Plaza & Janes de Barcelona acabou esquecido num caixote, no meio de muitos outros colegas seus feitos de papel e tinta igualmente condenados a um exílio injustificado. Recuperei-o agora por acaso duas décadas e picos passados. Levei-o a banhos estivais de mar e sol, reiniciei a visita desde a primeira à última página e ouvi as histórias de vida suspensas no ar num fôlego carregado de iodo.

Eva Luna, a protagonista-narradora, é uma contadora compulsiva de fábulas, as suas e as alheias, umas e outras entrelaçadas no tecido textual desenvolvido em forma de autobiografia aberta a outras biografias diversas. Relação atribulada de inspiração pícara dizem alguns. Relato eclético de formação individual com muitas vias genéricas de realidades experienciadas e imaginadas diria eu. É que a heroína, apesar do seu percurso acidentado de vida, consegue escapar, por mérito próprio, ao estigma castrador da anti-heroicidade. Sabe sempre escolher os melhores trilhos por onde andar à procura duma realização pessoal completa. Fá-lo através duma técnica apurada de escrita, onde os apontamentos de ficção histórica latino-americana vizinha do romance de ditador e a resvalar para o realismo mágico então em voga no Novo Mundo com forte impacto estético no Velho Continente. Os ecos dos livros de aventuras e de amores românticos, as peripécias rocambolescas dos folhetins radiofónicos, das novelas televisivas ou dos contos das 1001 noites, marcam a presença no fluir discursivo escolhido, onde não falta também um cheirinho de utopia dum paraíso prometido e perdido nesse universo não identificado de refugiados, emigrantes e viajantes pobres, de crises políticas constantes e de tiranetes hereditários de nome próprio desconhecido.  

O percurso de vida traçado pela filha dum índio amazónico de olhos amarelos a cheirar a bosque e duma órfã abandonada de pele branca e o cabelo vermelho como um incêndio na cabeça tem muito pouco a ver com a prima em segundo grau do presidente socialista Salvador Allende, assassinado em setembro de 73 por um golpe militar de feição fascizante. Têm a arte da escrita a uni-las, criadoras de destinos inventados como se tivessem acontecido. Talvez seja preferível afirmar estarmos na presença dum alter ego feito de memórias dispersas colhidas pela escritora chilena nascida no Peru, na tradição ancestral das américas indígenas de fala ibérica, onde nasceu, cresceu e formou, antes de ter sido obrigada a expatriar-se por períodos mais ou menos longos noutros recantos da grande aldeia global, todos eles libertos dos regimes totalitários de duração recorrente a pender para permanente, e a tornar-se por força das circunstâncias numa cidadã estadunidense.

As crónicas-contos compilados ao sabor da pena e do processo de amadurecimento para a idade adulta acabam por nos traçar um testemunho simultaneamente singular da sua obreira e coletivo da miríade de personagens que aparecem, desaparecem e por vezes reaparecem na malha labiríntica de destinos cruzados ao virar da página. Relatos circulares e cruzados dum passado recente que, mutatis mutandis, até podiam ser as destes nossos tempos conturbados, marcados todos eles por um crescendo de abusos ilimitados de poder, exercidos por pequenos e grandes opressores eleitos nas urnas ou impostos pela força das armas. Os exemplos de imitadores grosseiros ou lunáticos de déspotas encartados ou encapotados com provas prestadas não faltam por aí, até nos espaços planetários mais insuspeitos, onde a palavra democracia é gritada à boca cheia como palavra de ordem e é tida como imagem de marca identitária hasteada nas mais altas instâncias internacionais. História exemplar com final feliz como gostaríamos de ver replicada um pouco em toda a parte, a convidar os leitores a imitarem a ficção tal como esta tem por uso imitar-nos a nós, simples mortais a peregrinar pela vida.

17 de agosto de 2020

El oficio de atrapar historias suspendidas en el aire...


Desempolvar recuerdos y trenzar destinos
Desperté de madrugada. Era miércoles suave y algo lluvioso en nada diferente de otros de mi vida, pero éste lo atesoro como un día único reservado sólo para mí. Desde que la maestra Inés me enseñó el alfabeto, escribía casi todas las noches, pero sentí que ésta era una ocasión diferente, algo que podría cambiar mi rumbo. Preparé un café negro y me instalé ante la máquina, tomé una hoja de papel limpia y blanca, como una sábana recién planchada para hacer el amor y la introduje en el rodillo. Entonces sentí algo extraño, como una brisa alegre por los huesos, por los caminos de las venas bajo la piel. Creí que esa página me esperaba desde hacía veintitantos años, que yo había vivido sólo para ese instante, y quise que a partir de ese momento mi único oficio fuera atrapar las historias suspendidas en el aire más delgado para hacerlas mías. Escribí mi nombre y en seguida las palabras acudieron sin esfuerzo, una cosa enlazada con otra y otra más. Los personajes se desprendieron de las sombras donde habían permanecido ocultos por años y aparecieron a la luz de ese miércoles, cada uno con su rostro, su voz, sus pasiones y obsesiones. Se ordenaron los relatos guardados en la memoria genética desde antes de mi nacimiento y muchos otros que había registrado por años en mis cuadernos. Comencé a recordar hechos muy lejanos, recuperé las anécdotas de mi madre cuando viviamos entre los idiotas los cancerosos y los embalsa-mados del Profesor Jones; aparecieron un indio mordido de víbora y un tirano con las manos devoradas por la lepra; rescaté a una solterona que perdió el cuero cabelludo como si se lo hubiera arrancado una máquina bobinadora, un dignatario en su sillón de felpa obispal, un árabe de corazón generoso y tantos otros hombres y mujeres cuyas vidas estaban a mi alcance para disponer de ellas según mi propia y soberana voluntad. Poco a poco el pasado se transformaba en presente y me adueñaba también del futuro, los muertos cobraban vida con ilusión de eternidad, se reunían los dispersos y todo aquello esfumado por el olvido adquiría contornos precisos.

 [...] 

Sobre la mesa crecía un cerro de páginas salpicadas de anotaciones, correcciones, jeroglíficos y manchas de café, pero recién empezaba a desempolvar recuerdos y trenzar destinos, no sabía hacia dónde iba ni cual sería el desenlace, si es que lo había. Sospechaba que el final llegaría sólo con mi propia muerte y me atrajo la idea de ser yo también uno más de la historia y tener poder de determinar mi fin o inventarme una vida. El argumento se complicaba; los personajes se tornaban más y más rebeldes. Trabajaba —si trabajo se puede llamar aquella fiesta— muchas horas al día, desde el amanecer hasta la noche. Dejé de ocuparme de mí misma, comía cuando Mimí me alimentaba y me iba a dormir porque ella me conducía a la cama, en sueños seguía sumida en ese universo recién nacido, de la mano con mis personajes, no fueran a desdibujarse sus delicados trazos y volver a la nebulosa de los cuentos que quedaban sin contar.

Isabel Allende, Eva Luna (1991)

12 de agosto de 2015

Isabel Allende, os labirintos da casa dos espíritos

«Pronto Alba descubrió que el lugar más seguro era su propia casa, porque en el laberinto y en el abandono de los cuartos traseros, donde nadie entraba, podían amarse sin perturbaciones | –Si las empleadas oyen ruidos, creerán que han vuelto los fantasmas –dijo Alba, y le contó del glorioso pasado de los espíritus visitantes y mesas voladoras de la gran casa de la esquina.»
Isabel Allende, La casa de los espíritus (1982)
Resisti durante mais duma década a ler a saga que a prima em segundo grau do primeiro presidente marxista eleito do mundo transformou em bestseller internacional em menos dum nada. A suspeita que Isabel Allende tivesse transportado de modo abusivo para A casa dos espíritos (1982) os fantasmas ocorridos no Chile em setembro de 1973 esteve na origem desse boicote pessoal já experimentado noutros casos similares. Resolvi percorrê-lo de ponta a ponta no ano em que se estreou a versão filmada do romance, realizado por Bille August em 1993 e com um elenco de luxo, o que me obrigou a encetar a tarefa de imediato, não fosse a história contada com imagens matar o hipotético interesse da história contada com palavras dispostas em linha.

O prazer da descoberta dos sentidos escondidos foi imediato e acompanhou-me ao longo das vivências ficcionadas de quatro gerações de Truebas, del Valle e García, as três famílias nucleares que dão corpo à fábula. O destino coletivo do designado país de catástrofes ou mais esquecido país da terra, o último recanto da América está presente ao longo de todo o relato, distribuído por catorze capítulos e um epílogo, contidos nas cerca de quatro centenas de páginas da edição de bolso que, em boa hora, adquiri em Sevilha. Fala de tudo aquilo que nós sabemos sobre a terra de Salvador Allende (o Candidato | o Presidente) e de Pablo Neruda (o Poeta), sem se transformar num panfleto político intragável ou difícil de digerir. Remete-nos para um país sem nome, que identificamos sem grande esforço intelectual.

O fluir dos acontecimentos relatados é assegurado pelas memórias de alguns dos habitantes da grande casa da esquina. Os cadernos de anotar a vida redigidos por uma das matriarcas da família são revisitados pela neta e transformados no testemunho que nos é posto nas mãos e à frente dos olhos. Completam-no algumas reflexões do patriarca por excelência dessa mesma família. Tanto uns como outros são coadjuvados pela presença persistente dos entes já partidos do aquém para o além, os tais que teimam em habitar os labirintos arquitetónicos da casa dos espíritos. O realismo mágico das histórias impossíveis, dos duendes, das fadas e dos espetros toma conta do discurso. O realismo puro de que são feitas as coisas fora da ficção é remetido para segundo plano. O mundo da política perde o encanto, porque já sabemos de antemão o fim trágico a que conduziu os bonifrates da farsa. Depois, a vida das pessoas que leem livros é sempre mais dramática do que a vida das personagens que dão corpo aos livros.

Romance circular a vários níveis. Inicia-se e acaba com a chegada por via marítima de Barrabás, o grande cão da família. Pelo meio desenha-se os cenários dum duplo incesto. O neto da mulher violada repete o gesto com a neta do violador. Uma dupla bastardia a unir pela força o sangue dos ramos genealógicos convocados pela gesta, a terratenente e a assalariada, a citadina e a campesina, a detentora dos meios de produção e detentora da força do trabalho. Um universo com lugar ainda a séries ternárias levadas a toque de caixa do real para o imaginário. Marxistas-fugitivos-traidores, presos-desaparecidos-mortos, liberdade-justiça-sindicato, viúvas-órfãos-torturados. Palavras-chave para uma definição sucinta da condição humana. O caminho escolhido pela parente do presidente abatido para fazer a catarse possível do seu país natal. Aqueles que, por pudor, nunca são nomeados. Recurso poético próprio da literatura popular de transmissão oral para salvaguardar as potencialidades da liberdade criadora e da capacidade interpretativa convocadas pelos fados da fruição artística.

Estas férias revisitei o texto escrito para ser lido e a adaptação filmada para ser vista. Cumpriram ambas a sua função de contar uma história de modo diferente. O papel venceu o celuloide mais uma vez. A brevidade exigida pela sétima arte empobreceu drasticamente a tessitura estrutural da narrativa. A versão relatada em duas horas elimina personagens, suaviza episódios, inverte papéis. Minimaliza factos, mutila episódios, trunca eventos. Resulta uma caricatura açucarada do original. O regresso à velha técnica de juntar letras até formar sílabas, palavras, frases e sentidos impõe-se. Sem urgências do olhar registadas a contrarrelógio. A literatura é uma arte que se desfruta com toda a calma do mundo. Só assim se ouvem as mensagens que os espíritos dos heróis da imaginação têm para nos oferecer em toda a sua plenitude e beleza imorredouras.