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19 de junho de 2023

As histórias por contar de Carlos Ruiz Zafón que vivem na sombra do vento

DRAGÃO SIMBÓLICO DO MUNDO MÁGICO DE ZAFÓN

«Podría intentar contarte el argumento, pero sería como describir una catedral diciendo que es un montón de piedras que acaban en punta.»

            O cemitério dos livros esquecidos           

JULIÁN CARAX

La sombra del viento

La novela relataba la historia de un hombre en busca de su verdadero padre, al que nunca había llegado a conocer y cuya existencia sólo descubría merced a las últimas palabras que pronunciaba su madre en su lecho de muerte. La historia de aquella búsqueda se transformaba en una odisea fantasmagórica en la que el protagonista luchaba por recuperar una infancia y una juventud perdidas, y en la que, lentamente, descubríamos la sombra de un amor maldi-to cuya memoria le habría de perseguir hasta el fin de sus días. (18-19)

La casa roja

La casa roja relataba la atormentada vida de un misterioso individuo que asaltaba jugueterías y museos para robar muñecos y títeres, a los que poste-riormente arrancaba los ojos y llevaba a su vivienda, un fantasmal inverna-dero abandonado a orillas del Sena. Al irrumpir una noche en una mansión suntuosa de la avenue Foix para diezmar la colección privada de muñecos de un magnate enriquecido a través de turbias artimañas durante la revolu-ción industrial, su hija, una señorita de la buena sociedad parisina, muy leí-da y fina ella, se enamoraba del ladrón. A medida que avanzaba el tortuoso romance, plagado de incidencias escabrosas y episodios a media luz, la he-roína desentrañaba el misterio que llevaba al enigmático protagonista, que nunca revelaba su nombre, a cegar a los muñecos, descubría un horrible secreto sobre su propio padre y su colección de figuras de porcelana y se hundía inevitablemente en un final de tragedia gótica sin cuento. (35-36)

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DANIEL SEMPERE

[Projecto de historia]

Mi historia, casualmente, giraba en torno a una prodigiosa pluma estilográfi-ca de pasmoso parecido con la de la tienda y que, además, estaba embrujada. Más concretamente, la pluma estaba poseída por el alma torturada de un novelista que había muerto de hambre y frío, y que había sido su dueño. Al caer en manos de un aprendiz, la pluma se empeñaba en plasmar en el papel la última obra que el autor no había podido terminar en vida. (47)

NOTA
No 3.º aniversário da morte de Carlos Ruiz Zafón 
(Barcelona, 25 de setembro de 1964 — Los Angeles, 19 de junho de 2020)

19 de agosto de 2022

Portas de entrada & Portas de saída

René Magritte, La victoire (1939)

Laberinto de historias

Una historia no tiene principio ni fin, tan solo puerta de entrada.

Una historia es un laberinto infinito de palabras, imágenes y espíritus conjurados para desvelarnos la verdad invisible sobre nosotros mismos. Una historia es, en definitiva, una conversación entre quien la narra y quien la escucha, y un narrador solo puede contar hasta donde le llega el oficio y un lector solo puede leer hasta donde lleva escrito en el alma.

Esa es la regla maestra que sostiene todo artificio de papel y tinta, porque cuando se apagan las luces, se silencia la música y se vacía el patio de butacas, lo único que importa es el espejismo que ha quedado grabado en el teatro de la imaginación que alberga todo lector en su mente. Eso y la esperanza que todo hacedor de cuentos lleva dentro: que el lector haya abierto su corazón a alguna de sus criaturas de papel y le haya entregado algo de sí mismo para hacerla inmortal, aunque solo sea por unos minutos.

Y dicho esto con más solemnidad de la que probablemente merece la ocasión, más vale aterrizar a ras de página y pedirle al amigo lector que nos acompañe al cierre de esta historia y nos ayude a encontrar lo más difícil para un pobre narrador atrapado en su propio laberinto: la puerta de salida.

Carlos Ruiz Zafón, El laberinto de los espíritus
Barcelona: Planeta, 2016; 864

27 de julho de 2022

Sonhos da música em formato coral

Hildreth Meiere, The spirit of Song (1932)
[Radio City Music Hall - New York City]
«La letra de la canción es lo que creemos entender, pero lo que nos hace creerla o no es la música.»
Carlos Ruiz Zafón, El juego del Ángel (Barcelona: Planeta, 2008; Ⅱ, 8, 261)
Suíte musical do três em um
(The Sound of Music - West Side Story - Mamma Mia)

Es war einmal uma família de cantores que viu a sua história contada nas páginas dum livro, representada nas tábuas dos teatros e projetada nos ecrãs dos cinemas. A saga dos Von Trapp austríacos correu o mundo com a designação de The Sound of Music. A edição escrita continua disponível nos acervos das principais bibliotecas espalhadas pelo terra, a versão cénica continua a subir ao palco das salas de music hall das grandes cidades planetárias e as imagens em movimento a animar as sessões clássicas de sétima arte ou as tardes televisivas em datas especiais. O sucesso está sempre garantido em qualquer uma das modalidades, até nas registadas em suporte discográfico.

Once upon a time a transposição para os nossos dias da história de amor e morte de Romeu e Julieta celebrada por William Shakespeare. As rivalidades familiares travadas pelos Capuletos e Montéquios na Verona renascentista é revivida quatrocentos anos mais tarde na Nova Iorque da era pós-modernista. As rixas aristocráticas italianas são substituídas pelas disputas intestinas dos gangues americanos anglo-saxónicos e porto-riquenhos hispânicos. A tragédia manteve a sua matriz dramática, transformou-se no West Side Story cantado e mudou-se do Globe Theatre de Londres para as salas de espetáculo da aldeia global, para ser visionado na modalidade representada e/ou filmada para deleite de todos.

Det var en gång um grupo de quatro jovens suecos que cantou em inglês a derrota de Napoleão em Waterloo. Na precipitação de contar amorios pessoais de mediana importância, a canção vencedora do concurso eurovisivo esqueceu-se de indicar o nome do vencedor da batalha. Passou também por cima dos interesses imediatos de referir que o imperador dos franceses continua a ser uma das figuras de proa da história europeia recente, mesmo nos países que invadiu, conquistou e espoliou a torto e a direito. Os dois pares de intérpretes escandinavos continuaram a criar hit parades internacionais de teor idêntico ao lançado em Brighton Dome. Até lograram reuni-los num music hall. É caso para dizer Mamma Mia!

Era uma vez um sonho da música que todos os anos celebrava a alegria de cantar em grupo, até que a pandemia inesperada de dimensão planetária o interrompeu por duas longas temporadas. E as histórias cruzadas de três títulos grandes do teatro musical em formato coral subiram de novo à cena. Já o fizeram por duas vezes e outras mais se seguirão entretanto. Sequenciaram-se líricas e melodias, selecionaram-se fios condutores da trama, seriaram-se cadências mimadas de movimento e drama. As palavras e as notas soaram a muitas vozes, as luzes iluminaram a ribalta ao sabor do momento, o pano subiu e desceu sobre o proscénio e o público aplaudiu de pé. Qualquer dia destes há mais.

21 de julho de 2022

História de livros malditos de amor, ódio e sonhos que vivem na sombra do vento

«Pues bien, esta es una historia de libros [...] De libros malditos, del hombre que los escribió, de un personaje que se escapó de las páginas de una novela para quemarla, de una traición y de una amistad perdida. Es una historia de amor, de odio y de los sueños que viven en la sombra del viento.»
Carlos Ruíz Zafón, La sombra del viento (2001: 21, 213)
  ... un montón de piedras que acaban en punta.   

Quando em fevereiro de 2020 ingressei no hospital para uma peque-na cirurgia de rotina, mal adivinhava o quanto as previsões otimistas muitas vezes se transformam em realidades de sinal diametralmente oposto. Os três dias de internamento previsto foram alargados a cerca de dois meses e meio.

Solicitei a companhia do Carlos Ruiz Zafón e de La sombra del viento, para preencher as horas que se adivinhavam longas. Rapidamente me apercebi que o peso físico do livro me impediam de o segurar devidamente. Pu-lo de lado e prometi retomar a sua leitura assim que as forças regressassem.

Fi-lo estas férias de verão. Muito lentamente para prolongar ao má-ximo a magia das palavras do fabuloso criador catalão de heróis da imaginação. O tal que há pouco mais de dois anos nos deixou para ir ao encontro dos seus iguais que o receberam de braços abertos no paraíso poético do Parnaso.

Apetecia-me resumir o livro que tanto me encantou a primeira vez que o li e todas as demais que o reli. Bastantes. Tantas que nem cabem nos dedos de uma mão. Mas depois ponho-me a repetir como um dos intervenientes da história a propósito de La casa roja, escrita por um imaginário Julian Cárax.

«Podría intentar contarte el argumento, pero sería como describir una catedral diciendo que es un montón de piedras que acaban en punta.»

12 de março de 2021

Carlos Ruiz Zafón, o regresso póstumo a Barcelona, a cidade de vapor e do cemitério dos livros esquecidos

«Años más tarde, en su lecho de muerte, el viejo Sempere habría de explicar cómo en aquel instante creyó ver que Andreas Corelli derramaba una lágrima que al golpear la tumba de Cervantes se convirtió en piedra. Supo entonces que sobre aquella roca empezaría a construir un santuario, un cementerio de ideas e invenciones, de palabras y prodigios que crecería sobre las cenizas del Príncipe de Parnaso, y que algún día albergaría la mayor de las bibliotecas, aquella en la que toda obra perseguida o despreciada por la ignorancia y la malicia de los hombres iría a parar a la espera de volver a encontrar al lector que todo libro lleva dentro.
Amigo Cervantes dijo al despedirse. Bienvenido al Cementerio de los Libros Olvidados.»
Carlos Ruiz Zafón, «El Príncipe de Parnaso» IN La ciudad de vapor (2020)

No intervalo de confinamentos quando as livrarias estavam abertas ao público, entrei numa para adquirir a derradeira obra de Carlos Ruiz Zafón, A cidade de vapor (2020), uma compilação póstuma muito esperada de todos os contos do autor, alguns deles inéditos, acabada de sair com a chancela da Editorial Planeta. Não havia nem a versão original pretendida nem ma quiseram encomendar enquanto durasse a pandemia que ainda anda por aí à solta. Voltei para casa com outro livro debaixo do braço e voltei ao ataque agora pela via da compra indireta em-linha. Recebi-o ao fim de pouco tempo sem problemas de permeio. E aqui está ele ao de mim a convidar-me a abri-lo, a folheá-lo, a deliciar-me com as palavras de fantasia que só o seu criador sabia escolher. Inigualáveis, irrepetíveis, incomparáveis.

Lidos os contos e regressado à cidade dos malditos, das névoas e neblinas, das penumbras e nevoeiros, à cidade de vapor, a sensação sentida é a do puro prazer que só experimenta quem tem um amor muito especial pelos livros e pelos universos fingidos feitos à medida do mundo real que pisamos. Neste caso concreto, o criador das fábulas contadas de vidas imaginadas assenta arraial em Barcelona com um pulo rápido a Madrid, num período de tempo que vai desde os Séculos de Ouro dos Áustrias aos dias conturbados da Guerra Civil Espanhola dos Borbones, da II República e da ditadura franquista. Fá-lo num estilo eclético, onde predominam as luzes e as trevas, feito à medida das ficções juvenis de aprendizagem, de contexto histórico, ao jeito gótico de amores, mistérios e aventuras peregrinas, com pinceladas de thriler policial e político, de fantasia pura a roçar o estranho e o maravilhoso, da paródia e do pastiche, do relato dentro do relato. Émile de Rosiers Castellaine, o editor dos textos, considera o estilo zafoniano muito próximo do dickensiano e do borgiano, que podemos observar em mais duma passagem, sem deixar de traçar a sua marca pessoal muito particular. Inebriante, imbatível, indescritível.

Nestes onze fragmentos de dimensão variável, voltamos a tropeçar com atores, cenários e tramas já tratados em momentos anteriores. Por vezes dá-nos a sensação de estarmos na presença de episódios perdidos ou de fácil integração na tessitura narrativa da Trilogia da neblina ou na saga do Cemitério dos livros esquecidos, ou muito próximos da Marina, a obra preferida do autor. O primeiro reencontro é o de David Martín, que nos é apresentado ainda criança e em modo de memórias dum embrionário contador de histórias e protagonista d'O jogo do Anjo. Já com o estatuto de escritor de sucesso fugidio, é citado em forma de epígrafe extraída dum fragmento perdido d'O prisioneiro do Céu, uma das suas obras publicadasSeguem-se outros nomes familiares da tetralogia, muito embora situados em tempos distintos, como será o caso de dois fazedores de livros, sediados junto à porta de Santa Ana. O quatrocentista Raimundo de Sempere, criador duma biblioteca secreta, verdadeiro labirinto ou cidade do livro, que abrigasse as obras proibidas pelo grande inquisidor Jorge de León; e o seiscentista Antoni de Sempere, editor duma fictícia tragédia em três atos e uma epístola de Miguel de Cervantes, intitulada Um poeta nos infernos. As figuras do irónico Sancho de la Torre e do enigmático signore Corelli completam o quadro. Imparável, incrível, invencível.

O ambiente que vai das páginas inaugurais d'A sombra do vento às derradeiras d'O labirinto dos espíritos, num contínuo de sucessos editoriais sem paralelo que faltaram aos criadores de ficções criados pela ficção do mais bem-sucedido escritor catalão de todos os tempos. O cenário das Ramblas barcelonesas, as referências à Igreja de Santa Maria do Mar ou da Catedral-Basílica Metropolitana da Santa Cruz e Santa Eulália, bem como à catedral de ferro da estação de França, ao templo expiatório da sagrada Família ou ao parque Güell de Antoni Gaudí, à Vía Layetana, ao Barrio de la Ribera ou ao Ensanche não voltarão a servir de palco a mais nenhuma história de Carlos Ruiz Zafón. É tempo de dizer adeus a novos textos deste fabricante por excelência de sucessos literários. Agora só nos resta voltar à companhia dos consagrados, aqueles que pertencerão sempre a um grande Parnaso dos Livros Imortais. Inesquecíveis, indestrutíveis, inolvidáveis.

19 de julho de 2020

Viagem literária por Barcelona com Carlos Ruíz Zafón na bagageira...

EL CEMENTÉRIO DE LOS LIBROS OVIDADOS

Mapa de los lugares más emblemáticos de las novelas de Carlos Ruiz Zafón

Na pista da Sombra do Vento & do Jogo do Anjo

Em junho de 2009 voei para a capital da Catalunha para participar no «Col·loqui internacional sobre les relacions entre les literatures ibèriques», organizado pela Universitat Pompeu Fabra e Universitat de Barcelona. Levava preparada a comunicação «Terceira parte portuguesa do Guzmán de Alfarache. As metamorfoses do pícaro na visão do 1.º Marquês de Montebelo». Mas mais do que desenvolver aqui o contributo novelesco de Félix Machado de Silva e Castro e Vasconcelos, um grande de Portugal e de Espanha, que preferiu manter-se fiel a Filipe IV de Castela do que aderir à causa de D. João IV de Portugal, centrar-me-ei num vulto mais recente das letras hispânicas, com dimensão global, cujas tiragens (dizem os media) só são ultrapassadas pelo Don Quijote de Cervantes.

Tudo começou no aeroporto de Lisboa, quando deparei na estante da Relay local um Guia da Barcelona de Carlos Ruiz Zafón (2008), de Sergi Doria com um prólogo de Sergio Vila-Sanjuán. O título despertou-me de imediato a atenção, não só por se referir à ciutat condal que me esperava no final da viagem, mas, sobretudo, por destacar um autor que eu tinha descoberto recentemente e me enchera as medidas de forma inusitada. Adquiri de imediato o livro, deixei a zona dos duty & tax free shops, dirigi-me a um local tranquilo da sala de trânsito e comecei logo ali a leitura, que continuei a debitar enquanto sobrevoava os ares da Península Ibérica. Ao chegar ao meu destino já tinha traçado um plano de gestão dos tempos livres que o encontro académico me deixasse.

Ocupei o primeiro dia na grande metrópole catalã a estudar o trajeto que me levaria desde o Eixample até ao campus universitário da Estació de França. O encontro com a malha urbana descrita nas páginas da Sombra do Vento e do Jogo do Anjo iniciava-se também nesta caminhada inaugural, na catedral de ferro, lugar de partida e chegada das personagens mais emblemáticas da saga. Depois, nas pausas das sessões de trabalho, segui alguns percursos pedestres do roteiro literário. Achar a livraria dos Semper, espreitar o Ateneu Barcelonès, refrescar-me na fonte Canaletas, petiscar na taberna Els Quatre Gats, beber um chocolate no Cafè de l'Òpera, passar pela Carreter de l'Arc del Teatre no encalço do Cementiri dels Libres Oblidats. Tudo um faz de conta consentido de verdades mentirosas.

Nesse 19 de junho, uma sexta-feira, entrei na Casa dell Llibre do Passeig de Gracia e adquiri o romance Marina, o primeiro centrado em Barcelona. Neste 19 de junho, uma sexta-feira, o autor morria em Los Angeles. Há coincidências difíceis de entender, especialmente quando se referem a eventos separados por mais duma década. Foi a última vez que passeei pelas ramblas da ciutat dels misteris gòtics. Tenho de lá voltar um dia destes para rever os cenários das restantes partes da tetralogia entretanto concluída, O prisioneiro do céu e O labirinto dos espíritosDar um pulo depois a Madrid, partir do Urso da Puerta del Sol, passar pela Plaza Mayor, rever os gatos e gatas que a habitam e seguir os caminhos tortuosos da ciudad reina da Meseta Ibérica, trilhados pelos Sempere & C.ª. Ya veremos...

14 de setembro de 2017

Carlos Ruiz Zafón, o labirinto dos espíritos e a cidade dos espelhos ou das maravilhas

«El laberinto se alzaba frente a mí en un espejismo infinito. Una espiral de escalinatas, túneles, puentes y arcos tramados en una ciudad eterna construida con todos los libros del mundo ascendía hasta una inmensa cúpula de cristal.»
Carlos Ruiz Zafón, El laberinto de los espíritus, 2016
Enchi-me de coragem durante um ano escolar inteiro para viajar pelos derradeiros episódios da tetralogia do Cemitério dos Livros Esquecidos de Carlos Ruiz Zafón. Cerca de nove meses, para ser mais exato. O tempo duma gestação completa com parto normal. Durante a primeira quinzena de agosto destas férias de verão, dediquei-me à leitura exclusiva das novecentas e tantas páginas d'O labirinto dos espíritos (2016). Ultrapassada a linha de meta da maratona, respirei fundo, pus o volumoso tomo que o alberga de lado e descansei um pouco para recobrar o fôlego das emoções de percurso. Imensas e intensas.

Quando no final d'O prisioneiro do céu (2011) se afirma que a história em vez de ter terminado mal havia começado, não duvidei um só instante da sua veracidade. Depois de ter seguido as peripécias em cadeia d'O jogo do anjo (2008) herdadas d'A sombra do vento (2001), não duvidei que assim fosse. Cheguei a pensar poder tratar-se de novos dados trazidos à intriga por Sofia Gispert, a última personagem a entrar em palco, rodeada de secretismo e promessa dum desenlace favorável ao destino familiar dos Sempere, livreiros da cidade condal e protagonistas da saga. Afinal era uma falsa pista. Uma manobra de diversão do autor ou inferência apressada do leitor. O fio condutor da narrativa é entregue a Alicia Gris, criatura de sombras, mulher fatal, animal urbano, pérfida, misteriosa, noturna, um pouco de tudo e um muito de nada, anjo e demónio, heroína e vilã. Tudo depende do ponto de vista da ficção, assente num conjunto de lances detetivescos insólitos, onde os policias-bandidos vão sendo eliminados um a um pelos marginais-justiceiros, num maniqueísmo feito de pernas para o ar. Robins dos Bosques de totalitarismos recentes, aqueles que atravessam a derradeira centúria do segundo milénio, revisitados pela vontade expressa da literatura intemporal.

O desenho estrutural dos quatro romances da série optam por uma solução de compromisso. Após ter oscilado entre os domínios do natural e do sobrenatural e de se ter insinuado na terra de ninguém da hesitação, o maravilhoso desfaz-se, o fantástico esclarece-se e o estranho instala-se. Os enigmas desaparecem e a fábula cumpre-se. Os géneros teóricos definidos por Tzvetan Todorov* encontram-se todos representados neste longo rosário novelesco de traçado neogótico, a meio caminho entre o amor/morte e o ódio/vida, o que, para todos os efeitos, quererá dizer mais ou menos o mesmo. Segue a técnica do folhetim ou da entrega periódica por fascículos. Quando se julga que os maus vão ser castigados e os bons premiados, volta tudo ao princípio. O desenlace há muito esperado terá de esperar por uma ocasião mais oportuna, chame-se ele conclusão, desfecho, termo, remate ou epílogo.

Os relatos obscuros de vida de Julian Carax, David Martín e Víctor Mataix, os autores obscuros de livros esquecidos, estão concluídos. O destino existencial de Juan, Daniel e Julian Sempere está traçado. As crónicas de Barcelona, a cidade dos malditos, dos mistérios e das sombras, abriram um período de pousio forçado. O labirinto dos espíritos, dos espelhos ou das maravilhas - imagem pálida e distante do país imaginado por Lewis Caroll para as Aventuras de Alice - inscreveu o derradeiro ponto final. O pano desceu de vez sobre a ribalta, traçando a fronteira inexorável entre a boca de cena e a plateia. Desconheço qual será o próximo projeto do grande artífice atual das letras catalãs. Tudo me leva a antecipar que se manterá fiel aos registos da escrita a que nos habituou neste último quarto de século. A sonoridade das palavras gravadas no papel sobrepor-se-á, de certeza, a todos os enredos gizados ao jeito dos filmes a preto e branco de Série B, com muitas pinceladas de loucura e cordura à mistura. Razão mais do que suficiente para correr a uma qualquer livraria do aquém ou além Guadiana, para adquirir os primeiros fascículos dessa nova série de folhetins de cordel, compilados num livro que talvez fale doutros livros e com entrega sazonal garantida.

NOTA
(*) Tzvetan Todorov, Introduction à la littérature fantastique, Paris, Le Seuil, 1970.

17 de abril de 2017

Carlos Ruiz Zafón, a trilogia da neblina ou das histórias góticas de mistério, amor e aventuras juvenis

«Otros lo llamaban el Príncipe de la Niebla, porque, según las habla-durías, siempre emergía de una densa niebla que cubría los callejones nocturnos y, antes del alba, desaparecía de nuevo en la niebla.»
Carlos Ruiz Zafón, El Príncipe de la Niebla (1993)
«Allí crecimos sin otra familia que nosotros mismos y sin otros recuer-dos que las historias que contábamos al llegar la madrugada en torno al fuego, en el patio de la vieja casa abandonada que se alzaba en la esquina de Cotton Street y Brabourne Road, un caserón en ruinas que habíamos bautizado como el Palacio de la Medianoche.»
Carlos Ruiz Zafón, El Palacio de la Medianoche (1994)
«–La gente del pueblo cree que el islote del faro está embrujado o algo así. Se dice que una mujer se ahogó allí hace mucho tiempo. Hay quien ve luces, En fin, cada pueblo tiene sus habladuras, y éste no iba de menos. || –¿Luces? || –Las luces de septiembre –dijo Ismael mientras rebasaban el islote a estribor–.»
Carlos Ruiz Zafón, Las luces de septiembre (1995)
Afirmam as estatísticas que Carlos Ruiz Zafón é o escritor de língua espanhola mais lido e traduzido, contando já com mais de 35 milhões de exemplares vendidos um pouco em toda a parte. Esqueceram-se os meios de comunicação social de explicitar se esse valor é absoluto ou se só se refere aos nossos dias. Seja qual for a resposta, o obreiro do Don Quixote que se cuide, pois arrisca-se a ver o seu nome substituído no Instituto Cervantes pelo do criador da saga do Cemitério dos Livros Esquecidos. Brincadeiras à parte, o fenómeno editorial deste fabricante invencível de bestsellers à escala global merece uma atenção muito especial, não deixando nenhum dos seus alegados leitores indiferentes. Goste-se ou não se goste do estilo, a verdade é que esta história de sucesso está longe de ter sido contada sempre do mesmo modo e com a mesma euforia numérica. Digamos que o reconhecimento nacional e internacional só se deu a media res do percurso encetado pelos universos da escrita, a meio da caminhada. A publicação d’A sombra do vento (2001) está na origem deste boom, a que se foram depois seguindo as três continuações da tetralogia, e a visita retrospetiva nos intervalos de espera dos quatro restantes títulos dados à estampa em datas anteriores. Incluem-se nesse rol uma série de romances juvenis autónomos, entretanto associadas na designada Trilogia da neblina. É sobre estes textos inaugurais que irei tecer alguns considerandos.

O ponto de partida para a fama é dado pel’O Príncipe da Neblina (1993). A estreia não podia ter sido mais auspiciosa, dado que arrebatou de imediato o Prémio Edebé, o que deverá ter inspirado o novíssimo fabricante de histórias góticas de amor, mistério e aventuras a continuar o seu percurso por esse trilho em boa hora escolhido. Decorre num cenário idílico de verão, numa aldeia portuária inglesa, provavelmente na costa córnica do Atlântico ou da Mancha, não muito distante de Southampton, e está distribuída por dois eixos temporais que terminam inexoravelmente por se cruzar nos labirintos da fábula. Os destinos dos intervenientes dos anos 30 e os dos 40 acabam por traçar as peripécias trágicas que conduzirão à inevitável catástrofe. A descida aos infernos marítimos é encetada pelos protagonistas quando se atrevem a invadir as catacumbas submarinas do Orfeu, o navio naufragado e residência dum espetro da água, mais conhecido por Príncipe da Neblina.

O segundo ensaio de lançamento para a glória dum autor ainda desconhecido do grande público prossegue em torno d’O Palácio da Meia-noite (1994), um velho casarão abandonado e arruinado escolhido para sede da Chowbar Society, clube secreto formado por sete alunos do orfanato St. Patrick’s de Calcutá. Decorre nos derradeiros dias de maio de 1932, nas vésperas de completarem o décimo sexto aniversário e derradeiro que celebrarão juntos no colégio indiano onde haviam vivido até aí à mercê da caridade alheia. Os fantasmas vindos do passado num comboio em chamas irrompem pelos bairros da cidade maldita para assombrar os protagonistas da fábula. É conduzido por um espetro de fogo, qual ave fénix renascida das cinzas, no papel de anjo demoníaco ou espírito vingativo de sucessos mal resolvidos noutras encarnações. Jogo de vida e morte imposto por uma figura sem rosto atormentada pela loucura. Sombra sem corpo à procura da liberdade que só lhe será concedida um pouco antes do pano de cena descer e deixar livre o proscénio para novas atuações não reveladas na tessitura narrativa.

No terceiro mergulho para o sucesso, os eventos relatados n’As luzes de setembro (1995) voltam a representar-se num cenário marítimo, situado agora na costa normanda e numa baía vizinha do Mont Saint-Michel. Regresso simétrico também às imediações dum farol, ao reencontro dramático de episódios antigos e atuais, ao debate agónico modificador do rumo que a predestinação ou o livre-arbítrio teriam tido planeado traçar em linhas cronológicas distintas. Luzes e trevas digladiam-se sem tréguas em torno dum fabricante de autómatos que vive encerrado numa gigantesca mansão, rodeado de seres mecânicos por si criados, espetro de vapor a circular num universo de gente invisível, recriação dum Doppelgänger, a sombra duma pessoa que se separou do dono e regressa em determinado momento para o atormentar. Figura que terminada a sua função no derradeiro drama da série salta insatisfeita para as páginas dos romances que se lhe seguem nos anos seguintes, acompanhado de muitos outros motivos feitos de tormentas, ventos, brumas, penumbras, nevoeiros, névoas e neblinas.

Lidos os livros, podemos afirmar com conhecimento de causa que o sobrenatural existe em Carlos Ruiz Zafón. Duma forma insistente em todas as componentes deste retábulo pintado em três painéis. É aceite por todos com reações de terror, saltando dos domínios do fantástico-estranho para os do fantástico-maravilhoso teorizados por Tzvetan Todorov*. O tópico da loucura desenvolve-se na dupla personalidade das entidades maléficas, oriundas do além-túmulo à procura duma segunda existência neste mundo. Estabelecem pactos de irresistível aceitação e de implacável cumprimento. As recordações são trazidas à superfície, à consciência dos protagonistas/antagonistas e a catarse dá-se. Os heróis partem cedo para os Campos Elísios, no apogeu da sua beleza física e psíquica, para assim serem lembrados para todo o sempre e por todos nós. E neste palco de maniqueísmos genéricos, é bom esperar que os espectros das figuras sem corpo desçam às profundezas do Tártaro, para que a ação purificadora do fogo e da água cumpram o seu papel e a justiça se exerça em toda a sua magnificência e os espetadores possam regressar a casa com a cara lavada no final da função.

NOTA
(*) Tzvetan Todorov, Introduction à la littérature fantastique, Paris, Le Seuil, 1970.




27 de dezembro de 2016

Carlos Ruiz Zafón: histórias do prisioneiro do céu e da cidade dos malditos

«−Ay, qué bien. La verdad es que cuesta tanto encontrar hoy por hoy libros con un mensaje positivo, de esos que te hacen sentir a gusto, y sin tantos crímenes y muertes y eso tipo de cosas que no hay quien entienda… ¿No le parece?»
Carlos Ruiz Zafón, El prisionero del cielo (2011)
O universo mágico do Cemitério dos Livros Esquecidos voltou ao convívio do público leitor da aldeia global. Carlos Ruiz Zafón entra no santuário labiríntico das obras/autores votados ao ostracismo e recupera o título dum romance perdido de Julían Carax, para dar sequência à série literária que lhe deu renome internacional e parangonas registadas nos mass media dos quatro continentes. As aventuras e desventuras vividas pelos heróis e anti-heróis d’A sombra do vento (2001) e d’O jogo do anjo (2008) entram de novo em cena nas folhas impressas d’O prisioneiro do céu (2011). Encontro há muito tempo esperado de velhos amigos/inimigos dos proprietários da livraria Sempere & Filhos, estabelecimento secular fundado em 1888 na rua Santa Ana da cidade condal, local de encontros e desencontros dos agentes transformadores dos sucessos fingidos em eventos possíveis, que dão sustentabilidade ao enredo e coerência à saga.

O regresso faz-se através de David Martín, autor amaldiçoado já nosso conhecido de romances góticos e de folhetins jornalísticos, coprotagonista por excelência deste terceiro ato da sequela. Condenado a ver o seu próprio nome apagado da república das letras publicadas, ele é o verdadeiro prisioneiro do céu anunciado na capa do livro, dado que se vê coagido a escrever sucessos comerciais em nome do seu carcereiro ou deus que tudo pode. É ele também que faz a ligação narrativa entre as duas gerações de livreiros centrais da efabulação, pai e filho, entre as duas metades do século XX convocadas pelo texto, separadas entre si pelos dramas humanos da Guerra Civil Espanhola (1936-1939) e da Segunda Guerra Mundial (1939-1945). As histórias dentro de histórias, como se de genuínas bonecas russas se tratasse ou de matrioskas ideadas com palavras, umas a remeterem para as outras, a saltarem alternadamente das décadas anteriores para as posteriores dos conflitos bélicos referidos, abonam-nos todas elas argumentos entrecruzados da história europeia recente, com um enfoque muito especial na cidade dos malditos ou das personagens-charneira das novelas em série pagas à peseta. 

Por vezes, pergunto-me como é que nestes nossos dias presentes da pós-pós-modernidade se pode continuar a gostar duma escrita feita de lugares comuns pintados de negro, que tanto se assemelha na forma e no conteúdo dos chamados romances de cordel com tramas de faca e alguidar, próprios dum ultrarromantismo novecen-tista que as estéticas naturalistas e realistas da Questão Coimbrã (1865-1866) e das Conferências Democráticas do Casino Lisbonense (1871) combateram acaloradamente nos alvores da primeira modernidade. A resposta tarda sempre a chegar e vem sempre associada a uma mesma solução. O fascínio transmitido pelas intrigas, mistérios e peripécias reside, sobretudo, no ritmo vertiginoso como são apresentados ao leitor, faminto que está de mais charadas, enigmas e crimes para desvendar ou devorar. As maiores pérolas escondidas | reveladas por Zafón manifestam-se através das sonoridades conferidas ao discurso pelas palavras averbadas. Linguagem inebriante urdida com uma paixão que nos faz esquecer o banho de kitsch transmitido pelos sucessivos períodos, parágrafos e páginas que a albergam. Poesia em prosa ou prosa poética, para o caso tanto faz. Apercebemo-nos do caráter repetitivo da fábula e da limitação de recursos desenvolvidos, e ficamos à espera de mais, de muito mais, sem prestar demasiada atenção às falhas apontadas, para que o prazer da leitura se volte a concretizar, uma e outra vez, sem interrupções, sem intermissões, sem fim à vista. 

As três partes já dadas à estampa da série confrontam-nos com a história dum conjunto de personagens que atravessam a intriga à procura duma identidade perdida, por entre as sombras duma Barcelona imersa num sono repleto de cinzas e silêncios. Daniel Sempere suspeita estar também em vias de perder o nome e a alma que lhe têm dado sentido à vida. O relato termina num ambiente de incerteza que só o futuro poderá mitigar. A próxima etapa talvez ajude a clarificar a situação, dado que a história do protagonista mal acaba de começar.

NOTA
Recebi este livro como prenda do Menino Jesus no Natal de há cinco anos, por recomendação expresso das minhas filhas que sabem quanto a escrita de Zafón me tocara nas duas etapas anteriores do universo mágico do cemitério dos livros esquecidos. Aproveitei a pausa oferecida pela quadra e dediquei-me à leitura da saga e logo a seguir aos Reis dei a minha opinião escrita nas páginas do Pátio de Letras. Chamei-o agora para este espaço de modo a fazer companhia aos restantes elementos da série. Qualquer dia vou ter de mergulhar n' O labirinto dos espí-ritoso derradeiro episódio da família Sempere. A publicidade que tem acompanhado o seu lan-çamento ser garante ser tão envolvente como os precedentes. Não duvido dessa ameaça um só momento.

27 de novembro de 2016

Carlos Ruiz Zafón, os jogos do anjo e os enigmas da luz eterna

«Bienvenida al Cementerio de los Libros Olvidados, Isabel [...] Este lugar es un misterio. Un santuario. Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien desliza la mirada por sus páginas, su espíritu crece y se hace fuerte. En este lugar los libros que ya nadie recuerda, los libros que se han perdido en el tiempo, viven para siempre, esperando llegar a las manos de un nuevo lector, un nuevo espíritu.»
Carlos Ruiz Zafón, El juego del Ángel (2008)
Alguém disse e eu registei na memória que escrever um bestseller é tarefa fácil. Pode acontecer a qualquer um num qualquer momento de inspiração criativa. Repetir a proeza outras vezes sem cair nos perigos do déjà vue é que se torna particularmente difícil. Carlos Ruiz Zafón tem conseguido manter-se nas top-listas dos escritores com maior êxito editorial à escala planetária, apesar de andar a replicar um mesmo clichê diegético há mais dum quarto de século. Ensaiou o modelo na Trilogia da neblina (1993-1995), aplicou-o na Marina (1999) e canonizou-o nas quatro peças novelescas inseridas no Cemitério dos livros esquecidos (2001-2016). O segredo tem residido no preenchimento dum esquema narrativo estereotipado como se o tivesse acabado de inventar. A mestria utilizada neste expediente caiu no goto do público, indiferente à vulgaridade dos lugares-comuns em que está ancorado. O prazer estético de rever os heróis de histórias contadas e recontadas à exaustão só terminará quando se chegar a um ponto sem retorno. Aquele em que já não houver mais segredos dignos desse nome para revelar ou dilatar.

A saga dos livreiros sediados na rua Santa Ana da cidade condal chegou ao fim. O lançamento do derradeiro volume da tetralogia mais falada no momento acaba de ocorrer em todo o mundo hispâ-nico. Um dia destes também chegará às mãos de todos nós, vertido para os diversos idiomas da aldeia global. Provavelmente ainda antes do Natal. Entretanto, fico-me com as impressões que os títulos já publicados me proporcionaram. Depois de ter decifrado os mistérios contidos nas páginas d’A sombra do vento (2001), voltei-me para as aventuras de intriga, romance e tragédia anunciadas na contracapa d’O jogo do Anjo (2008). O fascínio e o espanto foram uma constante da visita. Demorada. Li o texto muito lentamente. Degustei-o com toda a calma, como se dispusesse de todo o tempo do mundo e ninguém me pressionasse. Queria retardar a chegada do fim. Tratava-se também duma história de livros malditos e do homem que os redigira, duma história de amor e ódio, de sonhos e pesadelos. De como idealizar uma obra de sucesso sem qualidade para ser exposto nas vitrinas das livrarias ou uma obra-prima sem leitores para ser condenada ao esquecimento. Eis o dilema a que o protagonista da fábula e fabricante de contos é obrigado a enfrentar. Atuar na dependência/independência das imagens refletidas na infinita galeria de espelhos que dão corpo e sentido aos enigmas da Lux Æterna. Um labirinto a que só alguns têm acesso. E mais não digo, que as palavras registadas nos livros do livro serão sempre melhores do que as minhas.

No processo de descoberta dos fios condutores do relato de relatos, repartidos por três atos e um epílogo, em vão procurei o rasto de Julián Carax ou logrei seguir as pisadas de Daniel Sempere. A linha cronológica urdida na trama tinha recuado uma geração inteira de vidas ficcionadas e só me dei verdadeiramente conta do facto já bem entrado na intriga das intrigas. A tapeçaria resultante deste entrelaçar constante de fadários autónomos, separados/ligados estruturalmente entre si pela alternância incansável de espaços-tempos, apresenta-nos um aspeto de inacabada execução, que só os episódios vindouros ainda por compor poderão resolver. O destino de David Martín, o autor-fantasma da novela de don Pedro Vidal e do panfleto religioso de Andreas Corelli, o autor consagrado de duas séries folhetinescas góticas compiladas n’Os mistérios de Barcelona e n’A cidade dos malditos, fica suspenso até melhor oportunidade. Talvez então tenhamos acesso ao mais profundo âmago da sua existência, Aos abismos insondáveis próprios dum ser habituado a lidar com o transcendente e com os segredos da imortalidade, dum ser semelhante ao Dorian Gray retratado por Oscar Wilde, impedido de envelhecer um só dia da sua vida. A hesitação fantástica situada entre as dimensões naturais do estranho e as sobrenaturais do maravilhoso ficam no ar. A curiosidade de clarificar a dúvida é adiada até uma nova etapa da sequela. Assim se faz render a fruta nesta arte de preparar os triunfos literários à distância dos anos. E parece que está tudo dito.

7 de novembro de 2016

Carlos Ruiz Zafón, a sombra do vento e o cemitério dos livros esquecidos

«Pues bien, ésta es una historia de libros […] de libros malditos, del hombre que los escribió, de un personaje que se escapó de las páginas de una novela para quemarla, de una traición y de una amistad perdida. Es una historia de amor, de odio y de los sueños que viven en la sombra del viento.»
Carlos Ruiz Zafón, La sombra del viento (2001)
Quando me foi recomendada A sombra do vento (2001) de Carlos Ruiz Zafón, fiquei com vontade de a visitar de imediato. A sugestão partira duma amiga de longa data que tem uma relação de grande cumplicidade com a cultura e teima em manter acesa uma paixão incondicional pelos livros e pelas leituras. Manias. Soube depois que já estava traduzido numa trintena de idiomas e publicado numa quarentena de países. Obtivera inúmeros prémios internacionais e as mais espantosas críticas da imprensa planetária. O romance transformara-se num grande êxito de vendas à escala global e o autor numa celebridade no universo das letras hispânicas atuais na viragem de século e de milénio. Subconscientemente, pousei o volume que tinha entre mãos no expositor da livraria e parti à procura de títulos mais discretos. Pretexto esfarrapado para afastar os fantasmas dos preconceitos que os fenómenos editoriais de sucesso massivo sempre me provocaram. Não consegui resistir a uma segunda investida e trouxe-o para casa sete anos volvidos. Resolvi testar a poeticidade da obra-prima que fazia correr tanta tinta em toda a parte e lancei-me à tarefa de desvendar os seus mistérios há tanto tempo escondidos. Fi-lo no idioma em que fora concebido para que o efeito saísse reforçado. Rendi-me ao poder inebriante das palavras que me fizeram companhia enquanto durou a visita. Incondicionalmente.

Voltei ao seu convívio noutras ocasiões. Sempre que um novo pilar se vai acrescentando ao Cemitério dos Livros Esquecidos. Um par de vezes. A sensação de maravilhamento é invariável. A viagem pelo seu interior flui como água cristalina que vai da nascente à foz sem escolhos indesejados a espreitar em cada reentrância de trajeto. Retomei-o agora que o quarto e derradeiro acaba de ser anunciado. Ao que as entidades promotoras da edição lá vão avançando, virá carregado de surpresas que esclarecerão todos os segredos acumulados ao longo das múltiplas histórias que dão corpo à saga. Publicidades à parte, cá fico a aguardar que a Livraria Semper prossiga de portas abertas no coração da cidade condal de Barcelona, para que os livros nela postos à disposição dos clientes nos continuem a contar os destinos guardados no seu interior e lhes voltem a dar a visibilidade que merecem. Que nos revelem outros autores malditos ou amaldiçoados pelas vicissitudes dos destinos malfazejos com que se foram cruzando. Que nos permitam seguir os itinerários dos seus heróis, anti-heróis ou uns e outros em simultâneo e sem preconceitos de espécie alguma. Que nos confiem as suas fortunas e adversidades arremedadas como se de facto tivessem acontecido. Plausíveis ou pouco prováveis. Verosímeis ou pouco fiáveis. Para o caso tanto dá. Que nesta esfera do faz-de-conta a imaginação é que conta.

História dum enigma contido no próprio título do relato. Uma ficção dentro duma ficção. Um livro dentro dum livro. O composto por Julián Carax e o aproveitado por Carlos Ruiz Zafón. O autor imaginado de antibestsellers condenados ao fracasso e autor real de bestsellers destinados ao sucesso. O primeiro preocupado em apagar do mundo a memória da sua existência o segundo empenhado em espalhar aos quatro ventos a força da sua presença. Um a destruir os exemplares restantes dos poucos que conseguira vender. O outro a espalhar aos sete ventos os assombros da sua escrita publicado os quatro cantos da terra aos milhares de milhares ou milhões. Curiosos espelhismos estes ou simetrias criadoras com que a literatura se vai fazendo-desfazendo-refazendo sem fim à vista. Réplicas de réplicas a mediar as paixões confrontadas. É também uma história paralela de amor e morte entre os dois coprotagonistas dum duplo relato com título comum, o autor do romance maldito encontrado num refúgio de livros e trevas situado nas entranhas mais profundas das Ramblas da capital catalã e o do seu guardião oficial nas páginas do livro que temos entre mãos. Daniel Sempere recupera-o do esquecimento a que estava votado e com ele traça uma via pessoal de aprendizagem moldada pelos percursos de vida que já haviam sido trilhados pelo seu mentor, à distância de duas guerras mundiais e duma outra civil de permeio. Possibilita ao indivíduo sem rosto renascer de entre os finados com uma nova identidade. Resgata-lhe a memória das cinzas a que as chamas purificadoras o haviam votado. Dá-lhe ânimo para recomeçar a desenhar histórias de vida contadas com a magia das palavras perseguidas/encontradas-semeadas na sombra do vento.